blog de Pedro Botero

El parte, los enanos y Françoise

Resultó muy decepcionante. Observé cómo el técnico retiraba la tapa trasera de la radio y, en vez de enanos diminutos, se revelaron las válvulas. Había construido todo un entramado mental a propósito de los diminutos locutores que allí habitaban, había sugerido multitud de hipótesis sobre los orígenes de tales speakers, incluso había averiguado cómo se organizaban socialmente; vamos, que sabía quién era el jefe.

Pedro Botero – Jue, 2010 – 03 – 04 16:18

Lana

Recientemente leí en “El Comercio” que el Decano de la Facultad de Química de Oviedo afirmaba conocer la ropa interior de todos sus alumnos. Al parecer el tipo andaba un tanto ofendido y, en contra del buen hacer de un científico, a partir de la ansiedad que le provocaban tales destellos cromáticos, extrapolaba una descripción universal de la juventud actual.

Pedro Botero – Vie, 2010 – 02 – 12 22:22

Jabón Lagarto

Decía el Profesor Bernabeu que un láser es el equivalente moderno de la navaja suiza: sirve tanto para cortar una chapa de acero como para tallar una córnea, leer un CD, trasladar información y medir distancias astronómicas o atómicas. Algo similar sucede con el jabón Lagarto, éste también sirve para todo: para lavar la ropa, para la higiene personal, para los granos, la alopecia, la dermatitis atópica, las hemorroides, el estreñimiento y, por supuesto, para limpiar pasiones y blanquear pecados.

Pedro Botero – Jue, 2010 – 02 – 04 21:12

Papel de estraza

Café Central, 18,45 h.; saboreo una cerveza mientras espero a un colega. Ambiente entre snob y bohemio, mucho guiri, jazz de fondo. Junto a mi mesa una muchacha realiza un boceto del local según las imágenes reflejadas en el espejo de la pared. Me llama la atención el rasgar del carbón sobre el papel; no se trata de un papel al uso, indudablemente es auténtico papel de estraza.

Pedro Botero – Jue, 2010 – 01 – 28 00:46

Tonsurado

No me hizo gracia, he llegado a una edad en la que ciertos comentarios socavan mi autoconfianza y aunque trato de no perder la compostura, determinadas chacotas, aún sin malicia, me irritan sobremanera. La peluquera, estupenda profesional, al terminar el corte de pelo, se empeñó en enseñarme su arte colocándome un espejo encima de la cabeza. Y se vio, vaya que si se vio. No se trata de una incipiente calvicie, el redondel pelado de la coronilla tiene nombre propio y la tal, muy ingeniosa, no se achantó: "con sotana, tonsurado".

Pedro Botero – Mar, 2010 – 01 – 19 19:21

Sin título (por falta de memoria)

Qué confusos resultan a veces los recuerdos. De repente, una tarde anodina, unos pantalones cortos de color amarillo enredados en la memoria; incluso soy capaz de ubicarlos: la dueña estaba sentada en el alféizar de la ventana del salón de juegos y, francamente, los calzaba estupendamente. Esa ventana hoy pertenece al bar Carlos...

Pedro Botero – Sáb, 2010 – 01 – 09 02:18

La rodea

Es probable, y totalmente recomendable, que unos y otros discrepemos en un sinfín de cosas, pero si hablamos de recoger la cocina y decimos que es un auténtico coñazo, estoy seguro que no encontraremos objeciones. Hacer la vasa, se decía en Mataporquera, con “v”, pues supongo que viene de vasar, una palabra con sabor norteño, un estante en la pared o en la alacena.

Pedro Botero – Sáb, 2010 – 01 – 02 21:21

Se fue la luz...

Resultaba frecuente en aquellos tiempos, un corte en el fluido eléctrico y el inevitable “se fue la luz”; sucedía a cualquier hora, en cualquier momento, por una y otra razón. Me intrigaba esa frase, incluso me asomaba a la ventana: ¿dónde se fue la luz?. Comenzaba el baile de las velas, la cera derretida, y de repente, volvió la luz. ¿Qué era eso que iba y venía a su antojo?. Enciende la luz, apaga la luz, da la luz...Va y viene, se enciende y se apaga...Además, estaba aquello que contaba el cura de turno, el hágase la luz, el tenga Vd. fe...

Pedro Botero – Mar, 2009 – 12 – 22 20:04

Por eso y muchas cosas más...

Al final, después de tanto titubeo, llegó el frío y con él los recuerdos. ¡Cómo me gustaba volver a casa por Navidad¡ Eran tiempos de internados y, con las vacaciones, los trenes, un albur de estudiantes con maletas, una suerte de jóvenes risueños de vuelta al hogar.

A las 8, en el mesón; vaso de vino y pipas, qué felices con tan poco; palabras y, quizás, miradas, a saber; después, con el tiempo, fue café con leche y cigarrillos, empezábamos a huir, ya teníamos media vida fuera. Al final, palmó el difunto, el país cambió, el pueblo encogió y nos fuimos repartiendo por doquier.

Pedro Botero – Mar, 2009 – 12 – 15 17:54

Don Marcial Lafuente Estefanía

En el 74 andaba yo enredado en eso de salir de la adolescencia, ya saben, oscilando entre la euforia desmedida y el fracaso absoluto. Un tránsito difícil, a veces angustioso, a veces hermoso. Un tránsito en el que uno iba eludiendo malamente los muchos noes que te imponían: no fumarás, no beberás, no dirás palabras malsonantes, no mentirás, no te masturbarás, no jugarás a las cartas....; en fin, una lista interminable. Naturalmente, algunos de aquellos noes tenían total justificación, cómo no, pero otros eran un dislate. Sí, lo confieso, en alguna ocasión fui a la librería a cambiar novelas de Don Marcial Lafuente Estefanía; esto es algo que hacía a escondidas, con un sentimiento de mala conciencia: no leerás las novelas de editorial Bruguera, no leerás literatura pulp, como dicen hoy los snobs.

Pedro Botero – Dom, 2009 – 12 – 13 00:48
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